miércoles, 10 de junio de 2009

El Barcelona Gaza Peace Park y las contradicciones de la cooperación española en Palestina.

miércoles, 10 de junio de 2009
El 19 de marzo de 2005, El Ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y el entonces Alcalde de la ciudad de Barcelona, Joan Clos, inauguraron el “Parque de la paz Barcelona-Gaza” en el barrio de Tel Hawa, al sur de la ciudad de la Gaza.

Una mañana de enero de 2009, caminando por Tel Hawa, mientras esquivábamos los restos de fósforo blanco que habían incendiado y aún rodeaban el Hospital Al Qds, sede central de la Media Luna Roja de la Franja de Gaza, caminando entre escombros, coches destrozados y barricadas de tierra levantadas por los tanques Merkaba, quienes tratábamos de levantar acta de los efectos de los bombardeos israelíes de la noche anterior, nos encontramos con el silencio y la desolación que invadían el espacio que la cooperación barcelonesa con Gaza había donado a sus habitantes.

Descubrimos que la isla de aire fresco y libertad en la que los niños jugaban, las familias se reunían para sus meriendas picnic al aire libre y los adolescentes trataban de coquetear –sí, lo llamaban también el “Parque del amor”- había caído también. Al igual que el hospital, la sede las Naciones Unidas y tantos miles de viviendas. La Plaza Barcelona, el Parque de la Paz, era el único parque urbanizado de la ciudad de Gaza y estas fueron las palabras que brotaron entonces de la imagen que se abría ante nuestros ojos.

“Los tanques han dibujado con sus orugas una rayuela de destrucción sobre toda la Plaza Barcelona, levantando el asfalto, destruyendo las graderías a través de las cuales entraron, pasando por encima de las porterías y canastas de baloncesto, arrasando el quiosco, rompiendo toda la valla que cerraba su perímetro, arrancando árboles, pasando por encima de ellos. Todo lo imaginable. Se han limitado a pasearse hasta destruirla, destrozando incluso el cartel que explicaba la donación de la ciudad de Barcelona a la ciudad de Gaza y arrancando las letras que daban nombre a este parque. «Barcelona-Gaza, Parque de la paz».

Los edificios de los alrededores están seriamente dañados, con impactos de artillería que dejan al aire las habitaciones, todas las vías de acceso destruidas y podemos ver a los vecinos cortando la última madera disponible, la de las sillas, para poder calentarse y cocinar en este frío invierno sin alimentos”.

http://ambpalestina.blip.tv/file/2158299

Las relaciones entre Barcelona y Tel Aviv.

Desde 1998 (hace ya once largos años) la ciudad condal es “hermana” de la capital de Israel. Dicho acuerdo se firmó en el marco de un proceso de paz que, si en aquel momento agonizaba, hoy ya puede darse por definitivamente muerto. En 1998, no sólo Tel Aviv se hermanaba con Barcelona. También lo hacía Gaza. Una década más tarde, Gaza sobrevive, sitiada y bombardeada por el ejército de Israel mientras Barcelona y Tel Aviv planean continuar con sus estrechas relaciones. Con nuestros impuestos. Nada es inventado. No tenemos más que dirigirnos, sin demasiada investigación, al diario Haaretz del 10 de febrero de 2008 que definía el hermanamiento entre Gaza, Barcelona y Tel Aviv como “un esfuerzo por apoyar el Proceso de Oslo y fomentar proyectos culturales conjuntos financiados por el Ayuntamiento de Barcelona”.

Cuando cambian, de manera relevante, las circunstancias de un acuerdo firmado a tres bandas, la lógica invita a replantearse la continuidad de dicho acuerdo o, al menos, una modificación sustancial del mismo. El caso de la Plaza Barcelona en Gaza plantea serias dudas, una vez más, sobre la lógica del enfoque que se sigue desde nuestras políticas de cooperación, respecto a la situación que se vive en Gaza y por extensión en el conjunto de Palestina.

¿Reconstrucción de los bienes públicos destruidos? Por supuesto. Los habitantes de la ciudad de Gaza necesitan recuperar sus espacios públicos. Pero nosotros, los ciudadanos convencidos de la pertinencia de que un parte de nuestros impuestos se destinen a la cooperación internacional ¿debemos asumir como política pública incuestionable la mera reconstrucción de lo que Israel destruye? ¿Debemos limitarnos a cubrir con nuestros impuestos los gastos de la ocupación israelí de Palestina, incluyendo la destrucción de equipamientos públicos donados por la comunidad internacional?, ¿No sería correcto adoptar paralelamente medidas, legales o políticas, que señalasen que la situación es insostenible y el modelo se ha agotado? ¿Qué opción adoptará el consistorio barcelonés al respecto?

El pasado 27 de marzo, la oficina de Diplomacia Municipal de la Diputación de Barcelona organizó una jornada de reflexión “El conflicto de Gaza, La situación actual posibilidades de actuación”. Se trataba de una jornada con la participación de miembros de la Diputación de Barcelona, responsables de cooperación, concejales, técnicos de Ong´s y responsables del programa Barcelona Solidaria, a cargo de los programas de cooperación de Barcelona con Gaza. Tras la proyección del cortometraje documental sobre la destrucción de la Plaza Barcelona, el debate se centró en las cuestiones antes mencionadas.

Cual sería la sorpresa de muchos de los participantes en la sesión al conocer, de boca del propio Manel Vila, Director del Programa Barcelona Solidaria, que las imágenes que se proyectaban no eran nada nuevo para él mientras explicaba en público que el Ayuntamiento tiene en su poder las grabaciones que los vecinos de la Plaza habían realizado con sus teléfonos móviles desde las ventanas de sus casas. Según las palabras del propio Manel Vila, dichas imágenes muestran con toda claridad cómo los tanques dan vueltas por la Plaza y destruyen su equipamiento sin que se produzca ningún tipo de combate en los alrededores.

Quienes editamos este documental lo sabíamos desde varias semanas antes, y habíamos tratado de conseguir una copia para sumarla a la edición del material en el que los vecinos nos transmitían su frustración por lo vivido. Ante la falta de tacto que supone reproducir conversaciones privadas, y frente a la negativa tajante a permitir que dichas imágenes vean la luz, era necesario esperar al momento en que el Director de Barcelona Solidaria decidió hacer de conocimiento público que disponía de las pruebas que demostraban cómo tanques israelíes destruían un equipamiento donado por una institución extranjera, para que resultara pertinente abrir esta reflexión. Reconoce que las tiene y se niega a entregarlas.

Su argumentación: proteger la identidad de los ciudadanos que las grabaron. La plaza está rodeada por edificios de gran altura con cientos y cientos de ventanas. ¿Es creíble, para quienes tienen una mínima experiencia, que Israel se ofendiese y tratase de identificar la ventana desde la que se grabó para tomar represalias contra el “cámara”?. Taxativamente no. Si así fuese las decenas de personas que grabamos y fotografiamos decenas de eventos como el que aquí se relata deberíamos caminar con guardaespaldas. Simplemente ridículo.

En su calidad de responsable de la cooperación del Ayuntamiento de Barcelona, no sólo dispone de pruebas que serían tremendamente útiles para que los ciudadanos supieran lo que sucede con sus impuestos y valorasen si es ético continuar el hermanamiento entre Gaza y Tel Aviv. Probablemente servirían también ante los tribunales de justicia para reclamarle a Israel por los destrozos provocados, tal y como la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados plantea y comienza a adoptar como posición. Reponer lo que se rompe sin reclamación legal por daños y perjuicios de por medio o protesta política e institucional, podría acabar pareciéndose demasiado a actuar como una suerte de aseguradora a todo riesgo de los destrozos de la ocupación israelí de Palestina. Y reponer, en silencio, lo que Israel rompe en Palestina al mismo tiempo que se refuerzan lazos con Israel es la política oficial de nuestras diversas administraciones públicas.

Pero el Ayuntamiento de Barcelona no sólo protege a los perpetradores al negarse a hacer públicas las imágenes. En la misma sesión de debate sobre las posibilidades de actuación de la cooperación en Palestina, no sólo no se cuestionaba la existencia de un hermanamiento entre Barcelona y Tel Aviv tras lo sucedido sino que se informa de la decisión política de reforzarlo a través de la aplicación de nuevos programas de colaboración. ¿No podrían deducir las autoridades israelíes a partir de dicho comportamiento de refuerzo y potenciación de vínculos entre las dos ciudades que sus acciones no tienen condena ni castigo, interpretándolo como un mensaje de impunidad que les permite proseguir en su línea de ataque contra Gaza? Destruir la Plaza Barcelona no sólo es gratis. Resulta premiado.

Los hermanamientos entre ciudades suponen una cierta idea compartida respecto de los valores que persiguen transmitir sus autoridades, de los programas culturales, de intercambio, promoción del conocimiento mutuo y, en el caso de la realidad de Oriente Medio, de la búsqueda de la justicia y la paz.

A raíz de lo sucedido con la Plaza Barcelona en la ciudad de Gaza y a partir de las posiciones expresadas por el Director del programa de solidaridad del Ayuntamiento de Barcelona, quizás podemos comenzar a identificar el origen de la impunidad del comportamiento israelí.

La inacción de nuestras autoridades a las hora de modificar los modos de relación e interlocución con las autoridades y la profundización de relaciones bilaterales son el mejor seguro a todo riesgo que desde Europa se le puede garantizar a Israel para no detenerse. Barcelona no está hermanada con Tel Aviv en lo abstracto, está hermanada con una política concreta que desarrollan las autoridades israelíes. Y es probable que los ciudadanos barceloneses no se sientan demasiado cómodos jugando este papel. Es hora de replanteárselo.

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