sábado, 20 de febrero de 2010

¿Acaso sionismo es judaísmo o judeidad?

sábado, 20 de febrero de 2010 0 Comentarios

Los medios de incomunicación de masas de Buenos Aires han agitado esta semana (del 15 de febrero en adelante) un extraño diferendo entre el embajador Héctor Timerman y Clarín.

Extraño, porque ambas partes, acusados y acusadores, niegan y reniegan de la piedra del escándalo, presuntamente el antisemitismo.

Clarín anuncia que desactivó el blog que desencadenara el conflicto por “no respectar [sic, ¡los estragos que ha provocado en Clarín la supresión de correctores humanos!] las Politicas del Sitio.”

La piedra del escándalo fue la afirmación de que Timerman es un “sionista militante”. Automáticamente, la DAIA, el aludido Timerman, el mismo Clarín, se apresuraron a traducir esa calificación como que se atacaba “la condición de judío del diplomático” (iton gadol, agencia para el “diario quehacer de la comunidad”).

Otro sitio web, http://el-gallo-en-alpargatas.blogspot.com/, al parecer también vinculado con “la comunidad”, según la expresión de iton gadol) informa que la DAIA condena las expresiones de Edgardo Arrivillaga “en donde se desvaloriza el accionar del funcionario diplomático Héctor Timerman por su carácter de sionista militante, sinónimo [sic] con el que se pretende cuestionar su pertenencia a la comunidad judía.”

E. Arrivillaga parece ser un periodista escasamente confiable, al cual no se le puede creer una palabra porque sus vinculaciones parecen mucho más pesadas que su afán por desvelar realidades. Parece ser un incondicional de Duhalde y un entusiasta con las funciones que el expresidente le quiere otorgar, restituir, a las ff.aa.

O sea que lo relevante de este episodio mediático e ideológico no es precisamente la poco atractiva ideología del desencadenador del asunto, el mencionado Arrivillaga, sino la curiosa coincidencia de Timerman, DAIA, Clarín, su jefe Kirschbaum, pero también El Argentino, Página 12, periodistas radiales, en calificar como antisemitismo un hecho que no lo es o que al menos no tiene porque serlo.

Es como si todos quisieran ver las ropas del emperador…

Calificar a alguien de sionista no es antisemitismo. Ni siquiera es, en pura lógica, antisemitismo calificar a alguien críticamente como sionista.

Porque el sionismo se refiere a un “movimiento de liberación nacional” fundado en el siglo XIX y que expresó hasta mediados del s. XX apenas a una minoría de judíos (aunque se pueda suponer que ahora expresa a una mayoría). Es un movimiento, una organización político-ideológica que logró plasmar un estado racista mediante el colonialismo a la europea en tierra asiática (como se hicieron, desde Europa, tantos otros).

Y lo judío alude a una entidad muy anterior, milenaria (el calendario judío habla de seis milenios), tiene una base religiosa, aunque la pérdida del ímpetu o sentido proselitista haya llevado a que dicha comunidad se haga tendencialmente endogámica. Religiosos o agnósticos, distan de ser un pueblo; basta ver los perfiles étnicos tan disímiles entre judíos, practicantes de la religión (o no).

Tan llamativa coincidencia para calificar de antisemitismo hasta la expresión “sionista militante” lleva a pensar en la reciente decisión de la dirección política israelí de iniciar una campaña de lavado de imagen luego de verificar el aumento de críticas sobre los asentamientos (colonialismo puro), el trato a palestinos (racismo puro) y el ataque a la Franja de Gaza de hace un año (represión pura).

El actual ministro de Información, un ministerio flamante, reparemos, Yuli Edelstein, está a cargo de una campaña con folletería que pregunta: “¿Está usted hasta la coronilla por la forma en que se nos retrata en el mundo? Usted puede cambiar esto.”1 Tenemos que “movilizar nuestro capital humano”, agrega. Curiosamente alude a las reservas intelectuales israelíes y no a las económicas que no son menos significativas.

El mismo Bronner cita al docente Schlomo Avineri que considera a la campaña como “pueril”. Por las imágenes que combate (que los británicos crean que el medio de locomoción principal en Israel sea el camello… algo que ni el más despistado rioplatense podrá imaginar). Pero, agrega, percibe un tufillo bolchevique, “haciendo de cada ciudadano un sirviente civil honorario de la política gubernamental.” Cuando nos enteremos que “en una segunda fase de la campaña los ciudadanos van a ser entrenados para hablar en la televisión y en radios extranjeras2 la presunción de Avineri no suena tan disparatada.

Pero, como decía un inolvidable profesor de filosofía, Mario Sambarino: “hay límites para el macaneo”.

Pese a los afanes de Israel por confundir en un único “paquete” lo judío y lo sionista, allí están, cada vez más, judíos que no aceptan el comportamiento israelí para con los palestinos, por ejemplo. Y está el diccionario, para seguir aprendiendo a pensar y a discernir conceptos y entidades, no confundirlas ni revolverlas para ganancia de algunos “pescadores”.

Luis E. Sabini Fernández es editor de la revista rioplatense Futuros

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

La nueva estrategia de Israel, “sabotear” y”atacar” al movimiento global por la justicia

Ali Abunimah
The Electronic Intifada

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Una serie extraordinaria de artículos, informes y presentaciones del influyente Instituto Reut de Israel ha identificado al movimiento global por la justicia, la igualdad y la paz con una “amenaza existencial” para Israel y ha pedido al gobierno israelí que emplee importantes recursos para “atacar” y posiblemente emprender un “sabotaje” criminal a este movimiento en lo que Reut cree son sus diferentes “centros” en Londres, Madrid, Toronto, la zona de la bahía de San Francisco y más allá.

El análisis del Instituto Reut mantiene que la doctrina estratégica tradicional de Israel (que considera las amenazas a la existencia del Estado en términos fundamentalmente militares, a las que hay que enfrentarse con una respuesta militar) está terriblemente desfasada. Mantiene que, en vez de ello, a lo que Israel se enfrenta hoy es a una amenaza combinada de una “Red de resistencia” y un “Red de deslegitimación” .

La Red de resistencia está compuesta por grupos armados y políticos como Hamás e Hizbolá que “se basan en medios militares para sabotear cada medida dirigida a afectar a la separación entre Israel y los palestinos o a asegurar la solución de dos Estados” (“The Delegitimization Challenge: Creating a Political Firewall”, Instituto Reut, 14 de febrero de 2010).

Supuestamente, el objetivo de la “Red de resistencia” es además causar la “implosión” política de Israel (estilo a las de Sudáfrica, Alemania de este o la Unión Soviética) en vez de provocar una derrota militar por medio de la confrontación directa en el campo de batalla.

La “Red de deslegitimación” (que el presidente del Instituto Reut y ex-asesor del gobierno israelí Gidi Grinstein afirma de forma provocativa que está en “nefasta alianza” con la Red de resistencia) está formada por el extranjero, descentralizado e informal movimiento por la paz, la justicia y los derechos humanos, y activistas del BDS (boicot, desinversión y sanciones [a Israel]) de todo el mundo. Sus manifestaciones incluyen protestas contra altos cargos israelíes que visitan universidades, la Semana del Apartheid Israelí, activismo basado en la fe y basado en el sindicalismo, y la “guerra legal” (el uso de la jurisdicción universal para formular la responsabilidad legal de supuestos criminales de guerra israelíes). El Instituto Reut citaba incluso la conferencia que dí sobre la campaña de BDS ante la conferencia de estudiantes celebrada el pasado mes de noviembre en el Hampshire College como una guía de cómo “trabaja supuestamente la estrategia de deslegitimación” (“Eroding Israel's Legitimacy in the International Arena”, Instituto Reut, 28 de enero de 2010).

El “ataque” combinado de “resistentes” y “deslegitimadores”, afirma Reut, “posee significado estratégico y en unos pocos años puede evolucionar a una amenaza existencial global”. Más adelante advierte de que “un presagio de esta amenaza sería el colapso de la solución de los dos Estados como un marco acordado para resolver el conflicto israelo-palestino y la unión tras una “solución de un Estado” como nuevo marco alternativo”.

A nivel básico, el análisis de Reut representa un avance sobre a las capas más primitivas y hasta el momento dominante del pensamiento estratégico israelí; refleja que se entiende, como afirmé en mi charla en Hampshire, que “ el sionismo simplemente no puede bombardear, secuestrar, asesinar, expulsar, demoler, asentarse y mentir de esta manera para conseguir legitimidad y aceptación”.

Pero subyacente en el análisis del Instituto Reut hay una incapacidad completa para separar causa y efecto. Parece asumir que la dramática erosión en el prestigio internacional de Israel desde sus guerras con Líbano en 2006 y Gaza en 2009 es un resultado del poder de la “red de deslegitimación” a la que imputa unos objetivos completamente nefandos, arteros y perniciosos, de hecho, la “destrucción de Israel”.

Culpa a los “deslegitimizadores” y “resistentes” de frustrar la solución de los dos Estados pero ignora la incesante campaña que hay en curso de construcción de asentamientos (apoyada por casi cada órgano del Estado) cuyo objetivo premeditado es hacer imposible la retirada israelí de Cisjordania.

Nunca considera ni por un momento que las cada vez mayores críticas a Israel puedan estar justificadas o que la cada vez mayor cantidad de personas dispuestas a comprometer su tiempo y sus esfuerzos en oponerse a las acciones de Israel están motivadas por una indignación genuina y un deseo de ver justicia, igualdad y que acaba el derramamiento de sangre. En otras palabras, Israel se está deslegitimizando a sí mismo.

Reut no recomienda al gobierno israelí (que recientemente celebró una sesión especial para escuchar una presentación de las conclusiones del think tank) que en realidad Israel debería cambiar su comportamiento respecto a palestinos y libaneses. No entiende que el apartheid sudafricano también se enfrentó a una “red de deslegitimación” global, pero que ésta actualmente ha desaparecido y, sin embargo, Sudáfrica existe todavía. Una vez que desapareció la causa que motivaba el movimiento (la flagrante injusticia del apartheid formal) la gente guardó sus pancartas y sus campañas de BDS, y se fue a casa.

En vez de ello, Reut recomienda al gobierno israelí una contra-ofensiva agresiva y probablemente criminal. Una presentación en powerpoint que hizo Grinstein ante la reciente Conferencia Herzliya sobre seguridad nacional israelí en realidad pide a las “agencias de inteligencia” de Israel “que fije su objetivo” en los “centros” con nombre y sin él de la “red de deslegitimación” y que se dedique a “atacar a los catalizadores” de esta red. En su documento “El desafío deslegitimador: crear una barrera político*”, Reut recomienda que “Israel debería sabotear los catalizadores de la red”.

El uso de la palabra “sabotaje” es particularmente llamativo y debería llamar la atención de gobiernos, agencias responsables de hacer cumplir la ley y altos cargos universitarios preocupados por la seguridad y bienestar de sus estudiantes y ciudadanos. La única definición de “sabotaje” en Estados Unidos considera que es un acto de guerra equiparado a la traición, cuando se lleva a cabo contra Estados Unidos. Además, en su uso común, el diccionario American Heritage define sabotaje como “una acción traicionera para derrotar o dificultar una causa o un intento; subversión deliberada”. Resulta difícil pensar en un uso legítimo de este término en un contexto político o de defensa.

Como mínimo, parece que Reut está pidiendo a las agencias de espionaje de Israel que emprendan una actividad encubierta para interferir en el ejercicio de los derechos a la libertad de expresión, asociación y defensa en Estados Unidos, Canadá y países de la Unión Europea, y posiblemente causar daño a individuos y organizaciones. No se deberían tomar a la ligera estas advertencias de la posible intención de Israel, especialmente a la luz de su largo historial de crímenes cometidos en territorio extranjero.

El Instituto Reut, con sede en Tel Aviv, recauda una cantidad significativa de fondos exentos de impuestos en Estados Unidos por medio de una asociación sin fin de lucro llamada Amigos Estadounidenses del Instituto Reut (AFRI, por sus siglas en inglés). Según sus archivos públicos, AFRI envió casi dos millones de dólares al Instituto Reut en 2006 y 2007.

Además de una campaña de “sabotaje” internacional patrocinada por el Estado, Reut recomienda también un apolítica “blanda”. Ésta implica específicamente una mejor hasbara o propaganda estatal para “maquillar ecológicamente”** a Israel como un paraíso de alta tecnología para tecnologías medioambiental y alta cultura, lo que denomina “Marca Israel”.

Otros elementos incluyen “mantener miles de relaciones personales con elites y personas influyentes de la política, la cultura, los medios de seguridad y la seguridad” en todo el mundo y “utilizar a las comunidades de la diáspora judía e israelí” aún más estrechamente para su causa. Incluso pone de relieve que Israel debería utilizar la “ayuda internacional” para fomentar su imagen (su incursión superficial en el Haití devastado por el terremoto fue un ejemplo de esta táctica).

Lo que une a todas estas estrategias es que su objetivo es desviar y distraer la atención de la cuestión fundamental: que a pesar de su afirmación de ser un Estado liberal y democrático, Israel es una etnocracia ultranacionalista que se basa en la violenta supresión de los derechos más fundamentales de millones de palestinos, los cuales pronto serán una mayoría demográfica, para mantener el status quo. No hay nada radicalmente nuevo en la estrategia de Reut.

Aparentemente, Reut no es consciente siquiera de la ironía de tratar de presentar la “Marca Israel” como algo adorable mientras que al mismo tiempo recomienda públicamente que espías de triste fama israelíes “saboteen” a grupos de paz en territorio extranjero.

Pero hay dos lecciones a las que debemos prestar atención: que el análisis de Reut confirma la eficacia de la estrategia de BDS, y que como las elites israelíes cada vez temen más por las perspectivas a largo plazo del proyecto sionista, posiblemente se vuelvan cada vez más despiadadas, faltas de escrúpulos y desesperadas que nunca.

* N de la t.: La palabra empleada en el título del informe en inglés ("The Delegitimization Challenge: Creating a Political Firewall") es firewall que tiene dos significados, uno que se refiere a una barrera dentro de un edificio que impide que se propague el fuego, y el segundo, específico del lenguaje informático, que se refiere a un dispositivo destinado a impedir comunicaciones no deseadas o no autorizadas entre secciones de un ordenador.

** N. de la t.: El término greenwash, que se forma sobre whitewash, “blanquear”, denomina las técnicas empleadas por las empresas para presentar sus productos y sus políticas como beneficiosas para el medio ambiente.

Fuente: http://electronicintifada.net/v2/article11080.shtml
Via Rebelion
 
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