sábado, 20 de febrero de 2010

La nueva estrategia de Israel, “sabotear” y”atacar” al movimiento global por la justicia

sábado, 20 de febrero de 2010
Ali Abunimah
The Electronic Intifada

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Una serie extraordinaria de artículos, informes y presentaciones del influyente Instituto Reut de Israel ha identificado al movimiento global por la justicia, la igualdad y la paz con una “amenaza existencial” para Israel y ha pedido al gobierno israelí que emplee importantes recursos para “atacar” y posiblemente emprender un “sabotaje” criminal a este movimiento en lo que Reut cree son sus diferentes “centros” en Londres, Madrid, Toronto, la zona de la bahía de San Francisco y más allá.

El análisis del Instituto Reut mantiene que la doctrina estratégica tradicional de Israel (que considera las amenazas a la existencia del Estado en términos fundamentalmente militares, a las que hay que enfrentarse con una respuesta militar) está terriblemente desfasada. Mantiene que, en vez de ello, a lo que Israel se enfrenta hoy es a una amenaza combinada de una “Red de resistencia” y un “Red de deslegitimación” .

La Red de resistencia está compuesta por grupos armados y políticos como Hamás e Hizbolá que “se basan en medios militares para sabotear cada medida dirigida a afectar a la separación entre Israel y los palestinos o a asegurar la solución de dos Estados” (“The Delegitimization Challenge: Creating a Political Firewall”, Instituto Reut, 14 de febrero de 2010).

Supuestamente, el objetivo de la “Red de resistencia” es además causar la “implosión” política de Israel (estilo a las de Sudáfrica, Alemania de este o la Unión Soviética) en vez de provocar una derrota militar por medio de la confrontación directa en el campo de batalla.

La “Red de deslegitimación” (que el presidente del Instituto Reut y ex-asesor del gobierno israelí Gidi Grinstein afirma de forma provocativa que está en “nefasta alianza” con la Red de resistencia) está formada por el extranjero, descentralizado e informal movimiento por la paz, la justicia y los derechos humanos, y activistas del BDS (boicot, desinversión y sanciones [a Israel]) de todo el mundo. Sus manifestaciones incluyen protestas contra altos cargos israelíes que visitan universidades, la Semana del Apartheid Israelí, activismo basado en la fe y basado en el sindicalismo, y la “guerra legal” (el uso de la jurisdicción universal para formular la responsabilidad legal de supuestos criminales de guerra israelíes). El Instituto Reut citaba incluso la conferencia que dí sobre la campaña de BDS ante la conferencia de estudiantes celebrada el pasado mes de noviembre en el Hampshire College como una guía de cómo “trabaja supuestamente la estrategia de deslegitimación” (“Eroding Israel's Legitimacy in the International Arena”, Instituto Reut, 28 de enero de 2010).

El “ataque” combinado de “resistentes” y “deslegitimadores”, afirma Reut, “posee significado estratégico y en unos pocos años puede evolucionar a una amenaza existencial global”. Más adelante advierte de que “un presagio de esta amenaza sería el colapso de la solución de los dos Estados como un marco acordado para resolver el conflicto israelo-palestino y la unión tras una “solución de un Estado” como nuevo marco alternativo”.

A nivel básico, el análisis de Reut representa un avance sobre a las capas más primitivas y hasta el momento dominante del pensamiento estratégico israelí; refleja que se entiende, como afirmé en mi charla en Hampshire, que “ el sionismo simplemente no puede bombardear, secuestrar, asesinar, expulsar, demoler, asentarse y mentir de esta manera para conseguir legitimidad y aceptación”.

Pero subyacente en el análisis del Instituto Reut hay una incapacidad completa para separar causa y efecto. Parece asumir que la dramática erosión en el prestigio internacional de Israel desde sus guerras con Líbano en 2006 y Gaza en 2009 es un resultado del poder de la “red de deslegitimación” a la que imputa unos objetivos completamente nefandos, arteros y perniciosos, de hecho, la “destrucción de Israel”.

Culpa a los “deslegitimizadores” y “resistentes” de frustrar la solución de los dos Estados pero ignora la incesante campaña que hay en curso de construcción de asentamientos (apoyada por casi cada órgano del Estado) cuyo objetivo premeditado es hacer imposible la retirada israelí de Cisjordania.

Nunca considera ni por un momento que las cada vez mayores críticas a Israel puedan estar justificadas o que la cada vez mayor cantidad de personas dispuestas a comprometer su tiempo y sus esfuerzos en oponerse a las acciones de Israel están motivadas por una indignación genuina y un deseo de ver justicia, igualdad y que acaba el derramamiento de sangre. En otras palabras, Israel se está deslegitimizando a sí mismo.

Reut no recomienda al gobierno israelí (que recientemente celebró una sesión especial para escuchar una presentación de las conclusiones del think tank) que en realidad Israel debería cambiar su comportamiento respecto a palestinos y libaneses. No entiende que el apartheid sudafricano también se enfrentó a una “red de deslegitimación” global, pero que ésta actualmente ha desaparecido y, sin embargo, Sudáfrica existe todavía. Una vez que desapareció la causa que motivaba el movimiento (la flagrante injusticia del apartheid formal) la gente guardó sus pancartas y sus campañas de BDS, y se fue a casa.

En vez de ello, Reut recomienda al gobierno israelí una contra-ofensiva agresiva y probablemente criminal. Una presentación en powerpoint que hizo Grinstein ante la reciente Conferencia Herzliya sobre seguridad nacional israelí en realidad pide a las “agencias de inteligencia” de Israel “que fije su objetivo” en los “centros” con nombre y sin él de la “red de deslegitimación” y que se dedique a “atacar a los catalizadores” de esta red. En su documento “El desafío deslegitimador: crear una barrera político*”, Reut recomienda que “Israel debería sabotear los catalizadores de la red”.

El uso de la palabra “sabotaje” es particularmente llamativo y debería llamar la atención de gobiernos, agencias responsables de hacer cumplir la ley y altos cargos universitarios preocupados por la seguridad y bienestar de sus estudiantes y ciudadanos. La única definición de “sabotaje” en Estados Unidos considera que es un acto de guerra equiparado a la traición, cuando se lleva a cabo contra Estados Unidos. Además, en su uso común, el diccionario American Heritage define sabotaje como “una acción traicionera para derrotar o dificultar una causa o un intento; subversión deliberada”. Resulta difícil pensar en un uso legítimo de este término en un contexto político o de defensa.

Como mínimo, parece que Reut está pidiendo a las agencias de espionaje de Israel que emprendan una actividad encubierta para interferir en el ejercicio de los derechos a la libertad de expresión, asociación y defensa en Estados Unidos, Canadá y países de la Unión Europea, y posiblemente causar daño a individuos y organizaciones. No se deberían tomar a la ligera estas advertencias de la posible intención de Israel, especialmente a la luz de su largo historial de crímenes cometidos en territorio extranjero.

El Instituto Reut, con sede en Tel Aviv, recauda una cantidad significativa de fondos exentos de impuestos en Estados Unidos por medio de una asociación sin fin de lucro llamada Amigos Estadounidenses del Instituto Reut (AFRI, por sus siglas en inglés). Según sus archivos públicos, AFRI envió casi dos millones de dólares al Instituto Reut en 2006 y 2007.

Además de una campaña de “sabotaje” internacional patrocinada por el Estado, Reut recomienda también un apolítica “blanda”. Ésta implica específicamente una mejor hasbara o propaganda estatal para “maquillar ecológicamente”** a Israel como un paraíso de alta tecnología para tecnologías medioambiental y alta cultura, lo que denomina “Marca Israel”.

Otros elementos incluyen “mantener miles de relaciones personales con elites y personas influyentes de la política, la cultura, los medios de seguridad y la seguridad” en todo el mundo y “utilizar a las comunidades de la diáspora judía e israelí” aún más estrechamente para su causa. Incluso pone de relieve que Israel debería utilizar la “ayuda internacional” para fomentar su imagen (su incursión superficial en el Haití devastado por el terremoto fue un ejemplo de esta táctica).

Lo que une a todas estas estrategias es que su objetivo es desviar y distraer la atención de la cuestión fundamental: que a pesar de su afirmación de ser un Estado liberal y democrático, Israel es una etnocracia ultranacionalista que se basa en la violenta supresión de los derechos más fundamentales de millones de palestinos, los cuales pronto serán una mayoría demográfica, para mantener el status quo. No hay nada radicalmente nuevo en la estrategia de Reut.

Aparentemente, Reut no es consciente siquiera de la ironía de tratar de presentar la “Marca Israel” como algo adorable mientras que al mismo tiempo recomienda públicamente que espías de triste fama israelíes “saboteen” a grupos de paz en territorio extranjero.

Pero hay dos lecciones a las que debemos prestar atención: que el análisis de Reut confirma la eficacia de la estrategia de BDS, y que como las elites israelíes cada vez temen más por las perspectivas a largo plazo del proyecto sionista, posiblemente se vuelvan cada vez más despiadadas, faltas de escrúpulos y desesperadas que nunca.

* N de la t.: La palabra empleada en el título del informe en inglés ("The Delegitimization Challenge: Creating a Political Firewall") es firewall que tiene dos significados, uno que se refiere a una barrera dentro de un edificio que impide que se propague el fuego, y el segundo, específico del lenguaje informático, que se refiere a un dispositivo destinado a impedir comunicaciones no deseadas o no autorizadas entre secciones de un ordenador.

** N. de la t.: El término greenwash, que se forma sobre whitewash, “blanquear”, denomina las técnicas empleadas por las empresas para presentar sus productos y sus políticas como beneficiosas para el medio ambiente.

Fuente: http://electronicintifada.net/v2/article11080.shtml
Via Rebelion
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